Zeta Bosio

Zeta Bosio en Revista Bacanal

Al estilo David Bowie, Bosio siempre se alimenta musicalmente de sangre joven, nuevas generaciones de quien busca contagiarse la curiosidad y la ilusión. Hoy, a los 54, sigue en la brecha. Y no necesita reciclar viejos hits para hacerlo, sino que, multifacético -bajista, compositor, productor, conductor y DJ-, prueba con todo, con la música siempre como plataforma. Ahora, con la vitalidad de siempre, el ex Soda encara un nuevo proyecto: Plan Ballantine’s, cuyo objetivo es descubrir talentos musicales por el país.

Alguna vez fue “el pibe que siempre llega tarde”, y allí nació su apodo: y Héctor (Pedro Juan Bosio Bertolotti) se convirtió en Zeta. Claro que, junto a Gustavo Cerati y Charly Alberti, Zeta Bosio terminó llegando temprano a toda Latinoamérica, abriendo una huella y marcando un camino que cambió la historia del rock continental. En 2007, diez años después de su separación, Soda Stereo lo hizo de nuevo: la gira de reunión exhibió a un grupo en plena forma, capaz de reactualizar el mito y marcar un récord de seis conciertos en el estadio de River. Planteado como “una burbuja en el tiempo”, el retorno de una de las bandas más importantes en la historia del rock argentino no necesitó disco nuevo, y tras 22 shows en 9 países, con una asistencia que superó el millón de personas, el grupo fue desactivado otra vez.

“Fue algo increíble, como siempre fue Soda: sorprendente hasta para nosotros mismos”, dice hoy Zeta, cómodamente sentado en el jardín de un hotel boutique de Palermo. “Siempre fue así: los primeros en sorprendernos por lo que podíamos lograr éramos nosotros, y eso permitía que sorprendiéramos a la gente”.

Han pasado seis años desde el último bis, el 21 de diciembre de 2007 en el Monumental de Núñez. Pero en algún sentido ha pasado una eternidad. Es de público conocimiento que, tras un accidente cerebrovascular en Venezuela durante la gira de presentación de Fuerza natural, Gustavo Cerati se encuentra en coma y con pronóstico por demás reservado, una situación que produce una profunda extrañeza en un medio que lo tuvo como protagonista durante casi treinta años. De eso también hablará Zeta, en el único momento de la charla que ensombrece su mirada. Por lo demás, el bajista, compositor, productor, conductor y DJ muestra la vitalidad y el entusiasmo que lo caracterizó dentro y fuera de Soda Stereo. Lo que lo llevó a diversificarse ya en 1997, después de la primera despedida del trío. Lo que lo lleva hoy a involucrarse en distintas cosas: va a conducir el Festival Planeta Tierra 2013, saldrá de gira con el grupo chileno La Ley, como bajista de la banda, y acaba de comenzar con una novedosa campaña de la marca de whisky Ballantine’s, que promueve algo llamado Loud Blue: un sitio donde la gente sube sus fotos y un programa las convierte en bases musicales de las cuales Zeta seleccionará lo mejor para grabar una canción compartida con el ganador. Los resultados son sorprendentes, un juego absolutamente adictivo.

• ¿Una foto que se convierte en música muy siglo XXI, no?

– Es una manera novedosa de invitar a la gente a participar: hay una base de datos con una infinita cantidad de tracks, y un software que selecciona según los algoritmos que genera una foto, que tiene una estructura básica que se puede unir por puntos. El programa define esos puntos y selecciona un track. Influye todo: si la foto es vertical o apaisada, los colores, los elementos que se ven, si hay edificios o es un paisaje, si hay una cara, o varias, o ninguna. Yo elijo de acuerdo con la foto y el track. Es una combinación de lo sonoro y visual. Incito a la gente a que se juegue con fotos que también propongan algo, no se trata de que sean solo fotos artísticas, sino que hasta pueden ser cómicas. Es gracioso cuando la gente manda fotos conmigo, o fotos de Soda. Me gusta verlas todas porque siempre tenés la duda de qué sonido tiene cada foto.

• Parece un símbolo el modo en que ha cambiado la relación del público con la música. Antes era puro oyente, hoy le gusta intervenir…

– Y hay muchas empresas que se dedican a esto. Con el surgimiento de un montón de aparatos surge también la necesidad de una aplicación. La música se está llenando de genios en operar programas, y hoy el género que más ascendiente tiene entre los pibes es el dubstep, que tiene una cosa de microedición que es para alguien que está muy metido en los programas. Surge de la obsesión y de sentarse a desarrollar, pero se trata de entretener y de ser creativo. Es lo que pasa con Instagram, con un montón de aplicaciones que te permiten generar cosas casi artísticas cuando antes tenías que pasar horas y horas de estudio y conocimiento de laboratorio. Hoy los filtros están a disposición de todos. Con la música pasa algo parecido.

• Ya desde la primera separación de Soda buscaste diversificarte como artista. Cómo te sentís en este momento?

– En el 97 se lo dije a Gustavo: nosotros hicimos las cosas de tal forma que quedamos en una posición en la que podíamos hacer cualquier cosa. En ese momento para mí hacer música y salir con una banda era tratar de reincidir. Me tomé un par de años, hice un trabajo introspectivo de dedicarme a mí y a mi familia. Habían sido años de traqueteo muy intenso, y la posibilidad de quedarme en mi casa, de aprovechar todo lo conseguido en el trabajo con Soda y parar esa pelota me pareció justo. Sentarme a disfrutar y analizar qué era yo.

Fue como cuando era adolescente, podía hacer cualquier cosa, música, publicidad… había abierto muchas pantallas. Me di cuenta de que era una cosa multifacética, un artista. Eso que ponía en el papelito cuando viajaba, porque “músico” me parecía limitador. Soda hacía mucho más que música, era un colectivo artístico que generaba desde los videos hasta la puesta en escena.

• Nunca Soda propuso solo “un disco”.

– Desde lo musical y lo estético proponíamos una ruptura con nosotros mismos. Buscábamos, éramos inquietos. Entonces me acepté como tal y traté de desarrollar facetas que me habían quedado en el tintero desde aquélla adolescencia. Pensé en hacer cine, cosas que podía sentir como mías, y siempre estaba la relación con la música. Por eso tuve la productora, el sello Alerta. Traté de estar siempre cerca de los artistas jóvenes, que tienen una ilusión y un hambre contagiosos. Si sólo hablás con gente de tu generación están todos como hechos. No hablo de decepción, pero hay casi una falta de ilusión, hasta de ingenuidad, porque el medio ya te mostró cómo es. Yo no quería caer en eso.

• ¿Se puede volver pesado tener que cargar con toda esa historia de Soda?

– Para mí no lo es, pero a la gente le cuesta todo este movimiento camaleónico, te encasillan un poco. No todo el mundo, pero hay algunos prejuicios cuando te metés en otras áreas. Yo no voy a dejar de investigar cuando tengo la sensación de que puedo hacer cosas que me motivan, que puedo darle un plus a la gente. Trabajo en el entretenimiento: no lo hago en un semáforo sino en otro lugar, pero tengo que lograr el efecto, sino no te dan propina.

• ¿Y qué descubriste de vos en ese tiempo de reflexión?

– Después de dos años aislado finalmente salí, porque el aislamiento no es bueno, te convierte en una especie de huraño. Me acerqué a los artistas jóvenes, me llegaban muchos demos y los escuchaba. Entonces armé un sello discográfico. Me costaba deshacerme de los demos, me gustaran o no, pensaba: “este es un trabajo que hicieron con toda la ilusión”, y me agarraba una culpa… Hasta que decidí hacer algo con toda esa energía y entonces hice Rock Road en televisión, con la idea de recorrer festivales para estar cerca de las bandas. Pero un sello es difícil, tenés que poner plata, te desfinanciás, es medio el delirio de un millonario, y yo no era millonario. Así que buscamos variantes, como hacer música para un sex shop de internet, música para hacer el amor, o una iniciativa de maridaje entre vinos y música.

• Si nos pasamos poniéndole música a todo, ¿por qué no imaginar la música ideal para degustar un vino?

– Claro, además eran músicas originales, gente de la música electrónica a la que llamaba, le daba una botella de vino, y les decía: “Tomalo y hacé lo que te surja”. Era un input, como esto de las fotos. Puede salir una cosa muy hermosa, y tenés que disfrutar el camino. Si te ponés objetivos muy férreos no disfrutás el hacerlo.

• Una canción puede empezar con un ruidito mínimo.

– En inglés se dice “Play”: nosotros lo tradujimos mal y le pusimos “tocar”, pero la idea es jugar. Empezás por una idea, empezás a apilar y puede haber un big bang o no. Te podés equivocar, y no tenés que tener miedo a eso. Incluso en la historia de Soda hay un par de bifurcaciones en las que podríamos haber tomado un camino totalmente errado.

• Es difícil pensarse en una dinámica de grupo después de una experiencia como Soda?

– Muy difícil. Por eso la idea de investigar otros caminos, desarrollar otras áreas. Una vez me preguntaron por qué estoy en la música electrónica, que es como “la vereda de enfrente” del rock. Y para mí nunca fue así. Yo tenía un plan que era morirme a los 40, con la vida que llevábamos. Pero no salió: a los 50 tengo que reinventarme. Cuando empecé a girar por festivales con Rock Road, en las carpas chiquitas veía cosas que tenían más que ver con lo que me motivó a mí en los comienzos que con lo que pasaba en el escenario principal. En los escenarios de electrónica vi Dj’s que tocaban con ese nivel de nerdismo de operar la computadora. Tienen el mismo riesgo que tocar una guitarra…

• Metés mal un dedo… 

– Y es una porquería, y no podés parar por dos compases.

• ¿Cuánto influyó en vos esa experiencia?

– Todo es parte de la alimentación, fueron seis temporadas, debo haber visto unos 60 festivales. Llega un momento en que te satura, empieza a pasarte que en el escenario principal de rock ya sabés más o menos lo que va a pasar, podés imaginarte todo. Algunos me sorprenden: Gogol Bordello o los Devo tienen hoy un show espectacular; por ahí ves a los B-52′s o The Specials y es un revival, pero los Devo están tan locos como cuando tenían 20 años.

• ¿La gran ventaja de Internet es haber eliminado intermediarios?

– Sí, pero es tanta la oferta y atomización que se hace difícil. Por eso pongo muchas veces el foco en los DJs: e DJ es el obsesivo que escucha mucha música y le gusta compartirla, la pone en una fiesta, en tu casa… Y después hay dos tipos de público, el activo y el pasivo. El pasivo consume la música porque la escucha de la tele, le gusta tener tal tema, lo escuchó en la casa del amigo… todos somos un poco pasivos. El activo busca, investiga, se mete, provee de música a los otros. Entonces el DJ hoy es esencial, porque selecciona, pone, ofrece a la gente cosas en su soundcloud, en sus redes sociales y tiene necesidad de compartir.

• Es inevitable hablar de un tema doloroso: cómo llevás la situación de Gustavo?

– Estamos en un punto en el que hay resignación, pero también una gran esperanza que es el mensaje. Con Soda fuimos elegidos para transmitir algo a mucha gente. No sé por qué, pero por algo fue, a lo mejor porque lo podíamos hacer. Hoy en día Gustavo desde su lugar en la clínica y desde su lucha de todos los días, y la de su madre y su familia, le están dando al mundo un mensaje de esperanza que apoyo con toda la fe de que se va a resolver bien.

Yo estoy parado en ese lugar también, estoy con ellos, que no tienen que flaquear, sino poner toda la garra, lleve el tiempo que tenga que llevar. Y mientras Gus esté acá, está acá. A veces los incentivos no son los que uno querría, me encantaría salir a dar buenas noticias. Pero si no pasan hay que estar ahí y seguir, no hay que caerse.

• Qué semilla creés que dejó Soda en Latinoamérica?

– Creo que pusimos muchas semillas y salieron muchas plantas. Hay gente que, motivada por lo que hicimos, se pone a tocar. Lo que más me emociona es cuando alguien me dice: “Yo toco el bajo por vos”, o por los temas de Soda. Movilizar a una persona es la mejor recompensa por todo lo que hicimos. El mensaje es el amor entre nosotros y hacia la gente. Con amor y pasión las cosas crecen y se modifican de una forma increíble. Hay que querer y respetar mucho lo que hacés para llevarlo al lugar donde pudimos llevarlo nosotros, habiendo tantas cosas en el medio que pueden interferir. Yo sigo trabajando porque arriesgué, y ese es el gran motor de mi vida. Me gusta que la vida te mantenga activo, alerta. Estamos viviendo una revolución cultural muy grande, y el hombre está pasando por una crisis también grande. Pasan cosas muy locas en este contexto y hay que estar atento. Vivir estos tiempos con estas ganas.

• Y salir a vivirla, no quedarse con las pantallas.

– Ese es otro desafío, la falta de atención que te genera compartir el mundo virtual y el real. Hoy se lee menos. Con lo que pasó en estos años me di cuenta de que tenemos que tener mucho cuidado con nuestro cerebro, que es lo que tenemos más cerca de Dios, de lo creador. Por eso hay que alimentarlo bien.

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Sobre el autor

Allan Kelly Márquez

Nacido en Montevideo, Uruguay, lleva adelante EnRemolinos desde el 30 de Octubre de 2009. Admirador de Soda Stereo, se transformó en coleccionista. Colabora con material de su archivo para el especial Soda Stereo +INFO (2007), y los libros Cerati, la biografía (2015) y Yo conozco ese lugar (2016).

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