ENREMOLINOS

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Soda Stereo en Marabú: a 40 años de los carnavales que marcaron el despegue del trío

Por: Allan Kelly Márquez

“En Marabú los Soda empezaron a creer que el escenario era un lugar sagrado”. La contundencia de la frase parte de la palabra de Adrián Taverna quien, justamente, empezó a trabajar como sonidista de Soda Stereo tras aquellos históricos carnavales de 1984. Si algo permite la investigación es poder comparar contextos, no solo históricos y sociales sino también musicales, que derivan en la descripción de la trascendencia que toman las cosas cuando pueden ubicarse dentro de la historia sabiendo cuál fue el desenlace. Me animo a decirlo: lo que The Cavern fue para los Beatles, Marabú fue para Soda Stereo.

Y creo no exagerar. Bastaría con la frase que lanzó Adrián Taverna para sustentar esa hipótesis. Sin embargo, y aun sabiéndolo suficiente, resulta interesante poder adentrarse entre los hilos que llevaron a que el trío pudiera subir a ese escenario, porque no existen las casualidades, existen eslabones que se van entrelazando.

La historia del Marabú se remonta a 1935 cuando Jorge Sales, un inmigrante español que había desembarcado en Buenos Aires buscando un futuro mejor, decidió abrir un lugar de esparcimiento donde el tango y la milonga pudieran plantar bandera en medio del caos de la city, entre tranvías y cachilones, entre negocios y oficinistas. Era la época de las tanguerías y los cabarets. De las bebidas y las acompañantes. De las orquestas y los bailes a media luz.

Tomando su nombre de un ave de carroña africana, el Marabú se ubicó debajo de un edificio de rentas sobre el número 365 de la calle Maipú, a pocas cuadras de Avenida Corrientes y el imponente Obelisco que sería inaugurado un año después. Apenas una doble puerta de vidrio separaba a dos mundos que podían ser perfectamente complementarios: por un lado, la noche porteña en una zona atestada de cabarets y teatros. Por el otro, el gran espacio subterráneo que simulaba los enormes salones de los transatlánticos, al que se accedía tras descender una interminable escalera de mármol, con columnas y piso damero, donde los hombres cincuentones de saco y corbata iban en busca de jóvenes mujeres que los esperaban vestidas con taco aguja y lentejuelas mientras alguna orquesta oficiaba como banda de sonido.

Cincuenta años después, ya en marzo de 1984, la realidad era diferente. Marabú había cerrado y reabierto un par de veces. El tango ya no era consumido masivamente. Argentina había tenido sus primeras elecciones democráticas tras siete años de dictadura y Alfonsín llevaba apenas tres meses de mandato. La juventud del underground porteño aprovechaba la posibilidad de expresarse en cualquier espacio que supusiera visibilidad y en eso el Marabú se transformó inmediatamente en un escenario factible para el rock y la new wave.

Soda Stereo había firmado contrato con CBS en agosto de 1983 de la mano de Horacio Martínez. La compañía, dejando de lado el interés musical del trío, pretendía queel grupo grabara un disco de covers de Los Teen Tops, una especie de Club del Clan mexicano. La banda se había negado por lo que CBS congeló la posibilidad del disco debut de Soda Stereo.

De la mano de Carlos Rodríguez Ares, Virus había emprendido su viaje a la consagración con la edición de Agujero interior (tercer disco de estudio de la banda platense, lanzado al mercado en diciembre de 1983). “Soda estaba metida en el freezer de CBS desde hacía muchísimo tiempo”, relataría Rodríguez Ares a ENREMOLINOS en 2020. “Ellos no lograban que los metieran a grabar en el estudio”. Carlos tenía una carta para jugar: había conseguido que Virus vendiera 36 mil copias de su disco. Con ese éxito, el Negro Tejero, quien era el que manejaba las cosas en CBS, le dijo que llevara al grupo que quisiera, que los ayudaba a grabar. Rodríguez Ares contrató a Soda Stereo y decidió darles visibilidad. Su productora gozaba de gran reputación y era punta de lanza para el nuevo movimiento que buscaba afianzarse frente a un público deseoso de nuevos sonidos en la escena porteña. “A raíz de lo difícil que me resultaba vender shows de Virus durante los carnavales, decidí armar algo yo”, recuerda. “Se me ocurrió rentar Marabú”.

Para lograr armar una grilla atractiva y obtener mayor repercusión, Rodríguez Ares se comunicó con Daniel Grinbank y le solicitó algunas bandas de su agencia. Los enviados fueron Los Twist, Zas y Los Abuelos de la Nada.

Carlos alquiló el local por cuatro jornadas, dos fines de semana seguidos, arrancando el viernes 2 de marzo de 1984. Si bien su mayor ambición era la de mostrar el nuevo trabajo de Virus, aprovecharía las fechas para exponer a Soda Stereo. “Los pusimos como teloneros en las cuatro fechas -recuerda-; la idea era mostrarlos a diferentes públicos, eso era fundamental”. La propuesta entusiasmó al trío. Se trataba de la primera oportunidad concreta de presentar sus temas arriba del escenario. Gustavo Cerati se encargó de diseñar los diferentes afiches que llamaban a “Bailar en Marabú” con una única entrada a 100 australes.

“El lugar tenía mucha onda de los años 50 -relataría Zeta Bosio en su autobiografía “Yo conozco ese lugar”-. Era un sótano alucinante, con piso cuadriculado de mármol, columnas, una cortina de fondo brillante y una pista para que la gente bailara”. Hasta ese momento, los Soda habían deambulado por algunos pubs de Capital pero sin la consistencia suficiente para instalarse entre el público. Marabú en cierto modo significaba relanzarse. “Fue una verdadera prueba para nosotros”, recordaría Gustavo Cerati en 2004. “En ese entonces estábamos muy entusiasmados con el ska y con The Police, y en Marabú nos dimos cuenta que éramos muy descontrolados en vivo, muy poderosos, y eso gustaba”.

Ese descontrol destacado por Cerati encendió la llama e hizo correr la voz en el circuito. Cada vez más gente se acercaba a esos carnavales. Soda Stereo llamaba la atención con una lista de temas inéditos, muchos de los cuales jamás serían editados, como “La calle enseña”, “Choripan”, “El héroe de la tele”, “Detectives”, y un cover de “La ví para ahí” de Los Beatles. “En total hicimos catorce fechas -recuerda Rodríguez Ares-; Soda tocó en ocho de ellas. Algunas antes de Los Twist, Virus, Los Helicópteros y Cosméticos. Y otras después de Los Abuelos de la Nada y Zas, quienes se negaron a tener grupos soporte”.

“Yo recuerdo siempre el día que hicimos a Virus con Los Twist y con Soda Stereo como telonero -comentó al programa La Bandeja en 2013-. Yo te digo sinceramente, esa noche rezaba para que Marabú no se cayera. Fue un éxito arrollador. Estaba toda la planta baja llena, eran sardinas directamente. Y la escalera estaba llena de gente. Yo temblaba. Llegó un momento en el que no podía subir para pedir que dejaran de vender entradas. Gracias a Dios no pasó nada, me asusté mucho esa noche”.

El éxito de los carnavales fue registrado por algunos medios de prensa que mencionaron la presencia de Soda Stereo. La revista Cerdos & Peces destacó su sonido “bueno y compacto” aunque “con letras algo flojas” y estribillos “interminables” en “buenos temas como “Te hacen falta vitaminas”. Por su parte, la revista Pelo y el diario Clarín accedieron a realizar las primeras entrevistas gráficas al grupo, por lo que claramente el empuje de Marabú había sido vital.

En definitiva, aquel 2 de marzo de 1984 marcó el despegue del trío, que derivó en la grabación y edición de su disco debut (en el mes de agosto) y en su primer Teatro Astros (sobre la Avenida Corrientes, en diciembre del mismo año).