ENREMOLINOS

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Daniel Melero presenta “Incierto y sinuoso”, la autobiografía donde también recuerda su paso por Soda Stereo y el vínculo con Cerati

De: Allan Kelly Márquez

Si existe alguien al que da gusto escuchar es a Daniel Melero. Y con escuchar no me refiero exclusivamente a lo musical. Melero sabe, conversa, cuenta y detalla. Opina, manifiesta, construye y subraya. Era claro que tarde o temprano se vendría su autobiografía. Claro y hasta necesario en los tiempos que corren.

De la mano de Mariano Vespa, y bajo la manga de Caja Negra Editora, Melero lanza “Incierto y sinuoso”, un recorrido en primera persona sobre su vida y curiosidades, sobre sus gustos y pareceres. “Melero se asume como anfitrión”, destaca la editorial; “alguien que acoge las ideas ajenas y busca expandirlas. Un niño del barrio de Flores que tiene las antenas afiladas para detectar en la radio y en la tele canciones que le cambian la vida y que descubre en el parque Rivadavia discos de Yellow Magic Orchestra y Tangerine Dream. Un joven inquieto que asiste a shows under de rock nacional (de Los Gatos a Los Violadores) y también a recitales de música experimental. Que busca insaciable información en revistas como Expreso Imaginario y disquerías como El Agujerito, o intenta emular de manera casera los experimentos sonoros con cinta de Eno y Cage grabando hormigas en su jardín”.

Claro está, su faceta curiosa derivará irremediablemente en la música y sus contactos más relevantes. “De pionero electropop con el infame grupo Los Encargados a asesor artístico de Soda Stereo e impulsor de Babasónicos (…) Melero manipula la música, provoca sonidos. Encuentra un itinerario experimental signado menos por el culto a la personalidad que por la permeabilidad con sus contemporáneos como Gustavo Cerati, Omar Chabán, Vivi Tellas, Pat Pietrafesa, Diego Tuñón, Juana Molina o Carca, entre otros”.

Entre los adelantos compartidos en redes sociales, se encuentra la referencia a Canción animal, el disco más vendido en la historia de Soda Stereo: “Gustavo me muestra el demo de Canción animal, ocho temas grabados en soledad que todavía no escucharon Charly y Zeta. A medida que van pasando las canciones, me revela sus nombres. Sin embargo, todavía no tiene las letras y, en algunos casos, ni siquiera la melodía. Esta se llama “Canción animal” -me dice Gustavo-: ponete a escribir la letra”.

El libro, de 208 páginas, tiene un costo de 19.000 pesos argentinos, y podrá adquirirse en Argentina, Chile, España, Colombia, México y Uruguay, según la lista de distribuidores de Caja Negra Editora. Este libro “no es un monólogo celebratorio ni una colección de anécdotas”, destaca el autor; “es la conjunción de muchas voces, algunos fantasmas, y archivos y fotos que no existen en internet, que se proponen narrar una vida y una obra sostenida por los deseos y caprichos de una ética de la acción”.