Charly Alberti

Charly Alberti participó del ciclo Management 2030.

Fabián Malavolta

La cuarentena que se vio obligada a cumplir gran parte de la humanidad a partir de la pandemia de coronavirus sirvió para que animales salvajes aparecieran en lugares a los que habitualmente le huyen, para que el cielo se volviera más diáfano e incluso para que los cursos de agua se tornaran más cristalinos. El planeta, de algún modo, dejó constancia del efecto que genera en la naturaleza la vida moderna.

¿Puede la pandemia dejarnos una nueva consciencia del entorno, que termine por impactar no solo en nuestros propios hábitos sino también en la mirada de las empresas y el mundo corporativo? Sobre ese eje debatieron los participantes de la quinta y última jornada del ciclo Management 2030, organizado por La Nación y transmitido por lanacion.com, YouTube Live, Facebook Live y LN+.

Participaron presencialmente del panel Ornella Basilotta, fundadora de Fracking Design; Kevin Leyes, fundador de Leyes Enterprises y de la app solidaria Ayudar; Carlos Pérez, presidente de BBDO Argentina, y la cantante, actriz y activista social y ambiental Connie Isla.

Además, hubo una charla mano a mano con el músico Charly Alberti, fundador y presidente de Revolución 21 Latinoamérica Sustentable, y participaron de manera virtual María Laura Tinelli, directora de Acrux Partners Ltd; Gino Tubaro, fundador de Atomic Lab, y Sergio Berensztein, analista político.

La jornada fue moderada por José Del Rio, secretario general de Redacción de LA NACION, que estuvo acompañado en la apertura por Sergio Kaufman, presidente de Accenture Argentina y de la región Sudamérica Hispana de la firma.

Charly Alberti, integrante de la banda Soda Stereo y fundador de Revolución 21 Latinoamérica Sustentable, contó todo su proceso de concientización -que estuvo, de algún modo, acompañado por el filántropo estadounidense Al Gore- y consideró que gran parte del problema es que la gente “se siente pequeña como para afectar el mundo“. “¿Qué daño puedo hacerle yo al planeta, que es enorme?“, ilustró.

Sin embargo, aseguró que así como el daño ambiental es “la sumatoria de pequeñas acciones, como dejar el agua corriendo cuando te lavás los dientes“, la solución es “una suma de voluntades“. Respecto de su misión, señaló que “el que no nace ambientalista, como los chicos de las nuevas generaciones, se tiene que convertir“.

Mi trabajo es tratar de hacer el switch en esa gente que todavía no lo entendió, que no está informada“, apuntó. ¿Qué tan bien le hizo esta pausa forzada al planeta? “Es como un pestañeo“, dijo Alberti. “Lo bueno es que la gente se dio cuenta que podía respirar mejor, que podía ver las montañas, que aparecieron las mariposas. El el tema ambiental tiene que ver con la sensibilidad humana, porque la gente que vive en la ciudad se desconecta de las naturaleza. Y no es hippismo: necesitamos esto para vivir“, sostuvo.

/ Delfina Torres Cabreros – La Nación /

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