El regreso de la icónica banda argentina Soda Stereo a Ecuador, la noche del 16 de mayo, en Quito, fue una experiencia en la que la tecnología robó mucho protagonismo, con la recreación de un Gustavo Cerati en holograma, pero donde su inevitable ausencia resonó como un eco.
A las 19:18, con horario adelantado por el toque de queda en Quito -que concluye el 18 de mayo- las luces del Coliseo Rumiñahui se apagaron y aparecieron Charly Alberti, detrás de la batería, en el centro del escenario; Zeta Bosio, con su bajo, a la derecha, y el holograma de Cerati, de traje azul y con guitarra en mano, a la izquierda. Todos estaban detrás de un telón transparente, que hacía la experiencia más surrealista.
El concierto arrancó con ‘Ecos’, canción del disco Nada Personal, que da nombre a la gira. La voz de Cerati se escuchaba, a ratos, distante, como un eco. El material de audio para este show fue recopilado, principalmente, de la gira Me Verás Volver (2007), con la que la banda se reencontró 10 años después de su ruptura.
La curiosidad por la imagen digitalizada de Gustavo y cómo funcionaría la banda en el escenario, sin la presencia real de Cerati, estuvo muy presente al comienzo del show. El vocalista y guitarrista de Soda Stereo murió el 4 de septiembre de 2014, a los 55 años, tras haber estado cuatro años en coma debido a un accidente cerebrovascular (ACV) que sufrió en mayo de 2010, después de un concierto en Caracas, Venezuela, durante la gira de su disco Fuerza Natural, el quinto de su etapa solista.
Con la emblemática canción ‘Nada Personal’, el telón transparente se levantó y el show se sintió más cercano al público, pese a que el avatar de Cerati no podía interactuar. Esa tarea le tocó a los otros integrantes: “Buenas noches, Quito. Qué lindo Ecuador, otra vez juntos”, dijo Zeta Bosio casi a mitad del concierto, antes de que empezaran a tocar ‘En el séptimo día’.
Entre los asistentes de la noche estaba Darío Bolaños, de 43 años, quien aprendió a tocar la batería a los 14 o 15 años imitando a Charly Alberti con las canciones de Soda Stereo. “Esta es la segunda vez que los veo; la primera vez fue en 2007, en Guayaquil, con la gira Me verás volver. Aunque uno de ellos ya no esté, la música de Soda no caduca; sus canciones tienen mucho impacto en la cultura pop”, comentó Bolaños, antes de que empezara el show. Su canción favorita es ‘En remolinos’, del disco Dynamo.
Las imágenes de la banda —en pantallas de gigantes— con Cerati, en primer plano, ayudaron a despertar la nostalgia. El espectáculo también ofreció una experiencia visual 3D, con gafas especiales, en ‘Cuando pase el temblor’ y ‘Primavera Cero’; los fans podían sentirse como en una sala de cine 3D.
El público del Rumiñahui —que en su mayoría era adulto— coreó a todo pulmón y saltó eufórico con canciones de la banda que son parte del imaginario musical latinoamericano, como Persiana Americana, Ciudad de la Furia y Prófugos. Con este tema, la banda desapareció del escenario en una falta despedida.
Los asistentes comenzaron a llamar a la banda. Y unos minutos después, la batería de Charly Alberti apareció abajo, sobre una tarima improvisada, al fondo de la localidad Box. El público gritaba eufórico esperando a Alberti, que subió vestido con una polo negra de muchos brillos, para tocar ‘De música ligera’. Al fondo, en las pantallas del escenario, se veían imágenes de la banda, en sus distintas giras.
Esa despedida fue, sin duda, el momento más emotivo de la noche, en el que una parte del público pudo disfrutar de la cercanía humana de Charly Alberti, tocando un himno del rock latinoamericano. Seguramente, Darío fue muy feliz, con uno de sus ídolos a pocos pasos.
“Gracias por acompañarnos a este viaje al futuro”, dijo Charly, luego de lanzar sus baquetas al público, mientras Zeta se despedía desde el escenario haciendo la forma de un corazón con sus manos. Y así cerró Soda Stereo su único concierto en Ecuador, de esta gira, luego de una hora y 40 minutos.
| Por: Patricia González – Primicias |


