Con el anuncio del desembarco de “Soda Stereo Ecos” en Madrid para el próximo mes de septiembre, resurgen los ecos, justamente, que históricamente vincularon al trío con la Madre Patria.
Es cuestión de abrir el archivo, de bucear entre notas, diarios y revistas, para encontrarse con los diferentes momentos en los que la banda integrada por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti amagó con ingresar a un mercado que, vale decir, no pudo ser conquistado.
SODAMANÍA, FUROR Y PROYECCIÓN:
El primer punto de encuentro en esta cronología se da en junio de 1986. Soda Stereo viaja a Europa para iniciar sus vacaciones tras una extensa gira por la costa atlántica argentina, la consagración en el mítico templo del rock, Obras Sanitarias, y la intensa promoción que marcaría su debut en Chile.
La mirada de Alberto Ohanian, representante de Soda Stereo, apuntaba exclusivamente a la grabación de su tercer disco (el último que por contrato debía realizar bajo el mando de CBS antes de pensar en una renovación) por lo que resultaba vital poder descansar y adquirir nuevas energías en vistas al próximo elepé y la primera gira latinoamericana que también asomaba en el horizonte.
Ohanian también se subió al avión que partía rumbo al viejo continente junto a uno de sus asistentes. “Se había sumado con la idea de expandir su trabajo en Europa -refiere Zeta Bosio en Yo conozco ese lugar-, y ver si podía generar el interés suficiente como para editar el tercer disco en España”.
Gustavo, Zeta y Charly llegaron primeramente a Madrid. Allí mantuvieron algunos encuentros con los directivos de la sucursal española de CBS y se cruzaron, casualmente, con Andrés Calamaro, quien también estaba de paso por Europa. “Él estaba muy entusiasmado con lo que se venía -destaca Zeta-; todo el tiempo nos decía que nosotros teníamos que funcionar sí o sí”.
Impulsados por aquel presagio del Salmón, los Soda se reunieron con Jorge Álvarez, manager de Olé Olé (la banda que por entonces lideraba Marta Sánchez, reconocida luego a nivel mundial con su hit Desesperada). “Le mostramos Nada personal -refiere Zeta- y aparentemente no le gustó el sonido del álbum: le parecía muy amateur y nos recomendó, como única opción y con él como productor artístico, ir a grabar a Europa”. El trío desistió. “Sony (CBS) no estaba dispuesto aún a invertir ese dinero en nosotros”.
Tras aquella escala en Madrid, Gustavo, Zeta y Charly le comunicaron a Ohanian que ya no querían ser parte de las reuniones y deseaban continuar viaje hacia Francia e Inglaterra. El recorrido por Europa suponía vacaciones y no una continuación del arduo trabajo que venían realizando desde comienzos de año. “Él pretendía tenernos cerca (…) y mostrarnos un poco -explica Zeta-, mientras que nosotros estábamos un poco hartos y soñábamos con dejarnos caer en la playa cuanto antes”.
Si algo caracterizó siempre a Ohanian fue la perseverancia. Basado obviamente en el éxito que la banda venía teniendo en Argentina y la proyección internacional que se presagiaba para el trío, de aquellas reuniones madrileñas el Armenio obtuvo el visto bueno para que el tercer elepé de Soda Stereo se editara finalmente en España y, tras medir el impacto en el público europeo, agregar posiblemente algunas presentaciones en vivo.
Signos salió a la venta en Argentina el 10 de noviembre de 1986. En diciembre, y tras regresar de su primera gira latinoamericana, Gustavo Cerati le comentó a la revista Rock and Pop que Soda Stereo planeaba viajar a Europa durante el año 1987. “Vamos a ir a España a presentar Signos -refería-, que en la edición de allá incluye Juegos de seducción y Cuando pase el temblor. Se va a editar en mayo y hasta ahora lo vamos a presentar en Sevilla, Madrid y Barcelona”.
De lo anticipado por Gustavo, sólo una parte se cumplió cabalmente. Signos sí fue editado en España pero, incluso manteniendo el arte original del elepé, se asemejó más a un disco compilado. Estuvo compuesto por cinco temas originales (Sin sobresaltos, Prófugos, Persiana americana, Signos y Final caja negra), a los que se sumaron dos del disco debut (Trátame suavemente y Mi novia tiene bíceps) y tres más de Nada personal (Nada personal, Cuando pase el temblor y Juego de seducción). Aun así, la sucursal local de CBS no realizó ninguna campaña de promoción. Es sabido, en la industria todo funciona con dinero, y sin apoyo económico, es difícil lograr trascender. Las presentaciones en vivo que se habían proyectado en suelo español automáticamente quedaron canceladas.
DEL SILENCIO AL RETORNO:
Durante 1987 y 1988, el sueño europeo de Soda Stereo quedó parcialmente relegado. La ebullición durante el festival de Viña del Mar en febrero de 1987 había abierto las puertas del mercado mexicano, y el trío apuntó la mira a ese nuevo objetivo.
Con la edición de Doble vida (en 1988), del maxi Languis (en 1989), y la alianza estratégica con Televisa y Pepsi que permitió realizar -entre dos giras- más de 80 presentaciones a lo largo y ancho del país, Soda Stereo finalmente conquistó México, el mercado más importante del continente junto a Brasil, y enfiló hacia los Estados Unidos.
Es recién a mediados de 1991, ya con dos años sin la representación de Alberto Ohanian y tras la creación de su propia productora, Triple Producciones, que Soda Stereo reflota a España como el mercado esquivo al que debía apuntar.
Con Daniel Kon como manager y Juan José Cerati como apoderado, el trío movió los hilos con la sucursal española de Sony (anteriormente llamada CBS) y retomó la intención que Alberto Ohanian, años antes, había dejado en stand by.
Con el éxito de ventas que había supuesto la edición de Canción animal en Argentina en 1990 y la consagración continental que Soda Stereo ya traía consigo, el grupo viajó nuevamente a España para realizar una campaña de promoción que sostuviera la edición (con tapa blanca) de su último disco en tierras españolas a manos de la compañía.
Soda Stereo se presentó en algunos programas de televisión y en otras emisoras radiales. “En España no nos conocen mucho -referiría Cerati a la revista Pelo tras regresar a Buenos Aires-, pero mucha gente nos tiró la mejor”.
Sony España propuso que el grupo regresara al año siguiente para presentarse finalmente en vivo. En primera instancia se eligieron Barcelona, Madrid, Sevilla y Oviedo como puntos de la gira. Oviedo quedaría finalmente relegado. “Los sitios no son muy grandes -aclararía Charly Alberti-, sin embargo, son muy buenos acústicamente”.
EL ABISMO Y LA LUNA. DEL TECHO A LAS RAÍCES:
“Tocar en la 9 de julio ante más de 300 mil personas nos impactó muchísimo. Esperábamos 50, 100 mil personas. 200 mil capaz, pero más de 300 mil superó todo lo que habíamos imaginado”.
Para Adrián Taverna, aquel histórico recital de Soda Stereo que sirvió para cerrar el año 1991 marcó no sólo su vida sino también el futuro artístico de la banda.
Consultado por ENREMOLINOS en 2022, Taverna confiesa que a la mañana siguiente el planteamiento en la interna del trío giró entorno a qué otro objetivo atractivo podía surgir. “Soda Stereo siempre se caracterizó por elevar la vara, por buscar nuevos desafíos, de mejorar, de crecer -refiere-. Cuando hicimos la 9 de julio sentimos que habíamos llegado a un techo único y que era muy complicado seguir conectados y motivados para conseguir nuevas cosas. Eso te mueve la estantería y te hace plantear si tiene sentido seguir adelante o no”.
“Soda Stereo es una cosa casi fuera de nosotros por momentos -relataría Gustavo Cerati a la revista Pelo-. Cuando lo empezás a ver así después de catorce Gran Rex, de las 250 mil personas, pensás en el fin de esta carrera”.
Aquel planteamiento, cargado de sinceridad, marcó un punto de quiebre. Para el grupo, encontrar la zanahoria ya no era simplemente un nuevo objetivo a cumplir sino una excusa para su supervivencia.
En ese sentido, y tras una primera parte de 1992 que navegó entre el fallecimiento de Juan José Cerati (padre de Gustavo), la grabación de Colores Santos junto a Daniel Melero y la producción del primer disco de los 7 Delfines, Soda Stereo retomó la senda y en mayo viajó a España para presentarse finalmente en vivo por primera vez.
“Fue un año muy intenso -diría Gustavo Cerati a la revista Pelo en referencia a 1991-, y hubo realmente un punto de saturación. Quizás por primera vez nosotros sentimos que el futuro no estaba tan claro como en otras ocasiones. Lo único que estaba planteado era lo de España y hacia allá fuimos; un poco impulsados por la inercia, por cierto entusiasmo de llegar, pero, en realidad, nos dimos cuenta que lo que más queríamos era no tener nada pautado”.
Paradójicamente, la llegada del trío a España, que tantas veces había sido esquiva en su historia, se transformó automáticamente en la posibilidad de seguir adelante con su trayectoria. “Creo que llegar a un país donde no éramos conocidos nos permitió salir del asedio y la locura que había significado la 9 de julio -confiesa Adrián Taverna-. Volvíamos a tocar en lugares chicos, frente a un público que no nos conocía tanto y podíamos recuperar esa energía de las primeras épocas. Eso permitió que Soda Stereo siguiera un tiempo más y no se separara en ese momento”.
Y FINALMENTE, SODA STEREO LLEGA A ESPAÑA:
Soda Stereo aterrizó en el aeropuerto de Barajas el martes 19 de mayo de 1992. Marcelo Franco, enviado especial del Suplemento Sí de Clarín, registró con su pluma todos los pasos vividos por el trío en tierras españolas. “El desembarco comenzó a gestarse un año antes de su puntapié inicial -destacaría-, conciliando en compleja alquimia los intereses musicales y comerciales de las partes argentinas y españolas involucradas en la movida. A la visita de carácter promocional verificada en junio del año pasado siguió la edición de Canción animal y, por fin, la invitación a subir a escena”.
Tras el arribo a Madrid y decenas de entrevistas que el trío debió realizar a medios locales, Soda Stereo partió rumbo a Sevilla, primera escala del tour español. 17 personas integraban la comitiva argentina: A Gustavo, Zeta y Charly se le sumaban los dos tecladistas, Daniel Melero y Tweety González; cuatro managers (general, personal, de ruta y de escenario); tres técnicos (de sonido, monitoreo y luces), una responsable de prensa y cuatro asistentes.
Soda Stereo se presentó el 23 de mayo en la Expo Sevilla 92. “La solvencia del equipo, el mismo que acompaña habitualmente a Soda por Latinoamérica, permitió la feliz concreción del debut sevillano no obstante sendas señales de alarma al rojo vivo debido a la desorientación de la delegación diplomática argentina en la feria y a la insólita presencia de la lluvia después de cuatro meses de sequía -relataría Marcelo Franco para el Suplemento Sí-. La banda en pleno coreando “Maradona, Maradona” antes de salir a escena, consiguió despegar el cielo sevillano y protagonizar el concierto previsto en la Expo”.
Tras el exitoso inicio, Soda Stereo retornó a Madrid para presentarse dos noches seguidas en la Sala Revólver (27 y 28 de mayo), punto clave en la movida nocturna madrileña. “Dos mil personas, mitad gallegos a la caza de su próximo grupo de culto y mitad sudacas temblando previsiblemente de excitación, aprobarán el auténtico debut del trío”, destacaría Franco.
Valencia, el siguiente paso el 29 de mayo, “quedó apenas como una lejana referencia urbana para la troupe”. Con un cansancio notorio, los Soda debieron cumplir nuevamente con los requerimientos de la prensa local, teniendo sólo un par de horas para descansar en el hotel previo a salir nuevamente a escena en Garage.
Tras ello, el arribo a la Sala Zeleste II de Barcelona, el 30 de mayo. “El punto más caliente de la gira -destacaría Marcelo Franco-, con un sold out sobre la hora, mil quinientas personas transpirando el concierto del principio al final para felicidad de toda la monada”.
LA HISTORIA QUE MARCA EL RETORNO:
Soda Stereo regresó a Buenos Aires sin saber que aquella experiencia española sería la única de su carrera. La edición de Dynamo (en octubre de 1992), Sueño Stereo (en junio de 1995) y las posteriores giras de Comfort y música para volar (1996) y El último concierto (en 1997) no abarcarían al país europeo y aquel primer paso quedaría marcado simplemente como una anécdota histórica que, como se destacó previamente, representó sí la continuidad artística del trío.
No existe una sola hipótesis valedera a la hora de preguntarse por qué Soda Stereo no tuvo éxito masivo en España. Marcelo Franco, del Suplemento Sí, fue claro a la hora de definir el resultado de aquellos conciertos en tierras europeas. “En el mercado español, el rock es poco más que uno de los últimos orejones del tarro -destacaría-. Los grupos locales que trepan a los primeros puestos en los ránkings de ventas se cuentan con los dedos de una mano (Mecano, El último de la fila, Héroes del silencio, Radio Futura y pocos más). Y el circuito de conciertos no tiene demasiados puntos intermedios entre los megaeventos al aire libre y las cuevas del off. Esa fue la realidad con la que se enfrentó la delegación argentina”.
“Creo que tampoco pudimos corrernos de ser una banda sudamericana -opina Adrián Taverna para ENREMOLINOS-. Allá nos veían de costado, eso se sentía en el aire. Es muy difícil poder entrar en un mercado que de primera te ve como alguien menor. Siempre pienso en el ejemplo de Calamaro, que tuvo que irse a España y formar un grupo allá para tener buena repercusión. Soda Stereo era la banda más importante del continente y aun así teníamos que ir con un apoyo mínimo de la compañía y demostrar lo que sabíamos hacer”.
Como esos eslabones que se van entrelazando y dan forma a la cadena que llega hasta nuestros días, tal vez sin aquella gira por España, Soda Stereo no hubiera continuado con su carrera artística. Tal vez hubiese adelantado su primera separación (o pausa), que surgiría en marzo de 1993, o vaya uno a saber qué.
Lo que sí es seguro es que España le permitió a Soda Stereo recuperar un sentido propio de pertenencia. Revolver aquellas energías primarias que fueron las que permitieron que el trío lograra nuevos objetivos y se planteara desafíos de superación constante. Tal vez, la presencia de “Soda Stereo Ecos” en Madrid reivindique lo que alguna vez pudo ser.
Tal vez, Soda Stereo pueda quitarse aquella leve espina que siempre quedó frente a un mercado con el que supo coquetear, pero que nunca conquistó.


