Editoriales

Gracias Totales: Soda Stereo sin Gustavo Cerati, ¿es Soda Stereo?

Rodrigo Alonso

El anuncio de la gira Gracias Totales reflota ciertos aspectos que se creían olvidados, o al menos ocultos, tras la partida de Gustavo Cerati.

Está claro que no podemos reducir la personalidad de una banda de rock a la mera suma de sus partes. Una banda es algo más que eso. Y más aún si una de las partes involucradas es Gustavo Cerati, un ícono musical que ha trascendido las fronteras. Soda Stereo fue Soda Stereo por tres personas, singulares, que en conjunto lograron un reconocimiento continental. Pero cuya energía reflotaba naturalmente.

La matemática pura y dura dirá que ante la falta de uno de sus integrantes, el colectivo ya no existe como tal.

¿Soda Stereo sin Gustavo Cerati es Soda Stereo? La respuesta es sencilla: no.

Pero en este caso la matemática no sirve. La discusión pasa por otro lado.

Gustavo es irremplazable. Y esto va más allá de si los artistas invitados a la gira cantan bien o mal. ¿Por qué? Porque las canciones de Soda Stereo no son un musical del que valerse de diferentes intérpretes según convenga. Las canciones de Soda Stereo son indesligables de una personalidad única que emergía cada vez que los tres miembros de la banda subían juntos a un mismo escenario. Y eso ya no puede ser.

No basta con mandar traer a un cantante y guitarrista eficiente y perfeccionista que alcance todas las notas y “represente” la calidad y elegancia de Cerati. Gustavo nunca fue literal en su gestualidad. O en su provocación.

Su impresionante manejo del escenario, las alteraciones vocales con las que domaba a su público y su natural relación con la guitarra, siempre parecieron algo casual, que emanaban de su forma de ser sin que él mismo se diera cuenta.

Y cuando lo hacía, cuando se daba cuenta de quién era –algo que generalmente ocurría sobre el escenario- se dedicaba simplemente a soltar una sincera sonrisa de sorpresa que acababa conmoviendo al público y volviéndolo partícipe de su propia energía.

Desde hace años, tanto Charly Alberti como Zeta Bosio, resultan fustigados por cierto sector del fanatismo sodero que, contrario a lo que uno podría suponer, se encarga de instalar la idea de que Soda Stereo era solamente Gustavo Cerati. Nada más alejado de la realidad. Y el propio líder lo sabía.

Pero como si eso fuera poco, podemos observar en las redes sociales (cuna de la crítica infundada) como aquellos que “vieron a Soda Stereo desde sus comienzos“, toman la posta virtual y se encolumnan en explicar que al propio Cerati no le hubiera gustado ver a sus compañeros de ruta tocando temas de Soda arriba de un escenario. Como una especie de voceros autoproclamados, quienes además dicen conocer a Gustavo, y su manera de pensar, incluso más que sus hermanos de la vida (como el propio Cerati nombró alguna vez a Bosio y Alberti).

Los tres, durante años, se encargaron de llevar sobre sus hombros la música que hacía Soda Stereo. Los tres recorrieron centenares de miles de kilómetros, por tierra, aire y mar, rumbo a destinos desconocidos por aquel entonces, para acercar y dar a conocer lo que tenían para ofrecer.

Siempre imagino la misma situación: girar por ciudades de México, allá por 1988, durante meses, sin siquiera saber a dónde iban y cuándo volverían. En un micro, todos juntos, llevando los equipos. Eso es trabajar. Eso es romperse el alma. Eso es ganarse el pan en la música. Y los tres lo hicieron. Sí, bajo el nombre de Soda Stereo. Pero eran tres haciéndolo.

Sumemos las horas de grabación, de mezcla, de ensayo, de shows, de conferencias, de entrevistas, de difusión. Hagamos esa suma, mental. Exageremos si quieren el número, y aún así nos quedaremos cortos. Tanto Gustavo, como Charly y Zeta, se ganaron lo que consiguieron. ¿Por qué nos creemos, como fanáticos, con la capacidad de decir que están robando con el nombre de la banda?

¿Somos, acaso, dueños de la marca Soda Stereo? ¿Hicimos algo para merecer ese lugar? ¿Trabajamos sin cobrar un peso?

No.

Cabe pensar que existen cientos de bandas tributo tocando por el continente, y sin embargo nos molesta que dos Soda Stereo piensen siquiera en tocar sus propios temas. Es casi perverso.

Una cosa es estar en desacuerdo, podemos hacerlo. Pero otra muy distinta es tildar de ladrón a alguien que durante años se rompió el lomo para tener la posibilidad de hacer lo que quiera con lo que consiguió. Respeto por el artista se llama eso.

Quizás debamos dejar de lado nuestro orgullo, por un instante, y pensar fríamente qué representa una vuelta a los escenarios por parte de Charly y Zeta bajo el título de Soda Stereo.

Desde 2014 a la fecha tuvimos varios tributos a Gustavo. Decenas, de diferentes artistas, en diferentes ámbitos. Sin embargo el mejor homenaje que se le puede hacer a Cerati, es el de la banda con la que conquistó el continente.

Dos Soda Stereo estarán recordando a otro Soda Stereo. Interpretando sus propios temas, y con el público como aliado.

Yo voy a estar presente. Lo viviré como una fiesta, un recuerdo, una vivencia más, ligada a lo que fue la banda. Pero ojo, tengo bien en claro que el último show fue aquel 21 de Diciembre de 2007. Lo tengo tatuado en la frente. Y no necesito que nadie me venga a avisar que eso que veré en Marzo de 2020, no es Soda Stereo.

Lo sé. Creanme que lo sé. Pero esa energía que voy a sentir, será la misma que sentía cuando los tenía a los tres enfrente. O al menos la más parecida. Y voy en su búsqueda.

Quizás la clave sea no ser tan drásticos. Dejarse llevar nuevamente por la música. Permitirse disfrutar. Y entender, tal vez, que son músicos, con intención de revivir lo que sentían arriba de un escenario.

Alguna vez el periodista Luis Hidalgo (crítico musical del diario El Pais de España) intentó ponerse en lugar de Brian May y Roger Taylor, quienes continuaron girando por el mundo con Queen, ya sin Freddie Mercury. En aquella nota, Hidalgo explicaba: “Subirse a un escenario y tener a 18.000 personas comiendo de tu mano musicalmente hablando debe ser una droga muy dura para desengancharse, por lo que puedo entender que continúen con ello. Y casi envidiarlos“.

Nada más acertado.

Nos vemos en Marzo, homenajeando a Soda Stereo. Homenajeando a Gustavo.

Sobre el autor

Allan Kelly Márquez

Nacido en Montevideo, Uruguay, lleva adelante EnRemolinos desde el 30 de Octubre de 2009. Admirador de Soda Stereo, se transformó en coleccionista. Colabora con material de su archivo para el especial Soda Stereo +INFO (2007), y los libros Cerati, la biografía (2015) y Yo conozco ese lugar (2016).

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