Especiales

La historia de Gustavo Cerati y su visita a un hospital para ver a una fanática.

Situarse en tiempo y espacio permite, entre otras cosas, comprender la magnitud de los hechos que se relatan. Si a eso le sumamos la noción de la llegada que un artista puede tener con su música, como en este caso, las historias tomarán un vuelo propio que representará, sin errores, la personalidad de quien transita esa fama obtenida y el efecto ante quien lo escucha.

Suena quizás un poco entreverado, pero es más simple de entender de lo que parece. Invito a hacer el ejercicio: situémonos a mediados de los 80s. Soda Stereo en la cima del continente conquistando cada uno de los países visitados y transformándose casi sin desearlo en ejemplo y brújula para cientos de jóvenes que no ven en otros personajes públicos una salida posible a las situaciones que les toca vivir en su cotidianeidad.

Tengamos en cuenta, también, la realidad histórica por la que atravesaba Latinoamérica, con sendas dictaduras en algunos de esos países, o con democracias aún en pañales en otros.

Por aquel entonces la posibilidad de contactarse con los artistas que eran admirados era casi nula. No existía internet, claro. Pero tampoco la cercanía habitual de hoy en día, donde estamos literalmente a un click de contactar a quien querramos. De esta manera, el canal habitual para poder expresar el sentimiento que la música despertaba en los jóvenes, era a través de cartas dirigidas a Ohanian Producciones, la empresa de Alberto Ohanian, quien producía justamente a Soda Stereo.

Todos los días llegaban cientos de cartas a la oficina dirigidas a Gustavo, Charly o Zeta. Cientos de historias, por cierto, de una juventud ávida por sentirse reflejada en un fenómeno que traspasaba las fronteras, no sólo terrestres, sino impuestas por una sociedad avejentada y reprimida tras tantos años bajo la pata militar.

Los tres, de a poco, se dedicaban a leer aquellas cartas y, si bien el propio Cerati confesaría públicamente que no le provocaban una gran reacción, una de ellas lo terminó conmoviendo.

Se trataba de una joven de Tierra del Fuego, Argentina, quien, en una muestra de sinceridad absoluta, le contaba que había tenido varios intentos de suicidio y que, por recomendación médica, se encontraba actualmente en Buenos Aires realizándose un tratamiento rehabilitante junto a médicos especializados y familiares de su entorno.

Gustavo decidió comunicarse con sus allegados y pedir el teléfono del psicólogo que estaba tratando a la muchacha, que por entonces tenía 16 años. “El grado de apatía que tenía la chica era impresionante“, contaría Cerati años después. “Ella decía que la única conexión que tenía con la vida era mi música, y que su único deseo para poder salir adelante era conocerme“.

Aquella declaración, dada al Suplemento Sí de Clarín ya entrados los 90s, reflejaba lo que, en mayor o menor grado, le sucede a muchos de los seguidores que admiran a un artista. La conexión musical va mucho más allá de temas bailables o pegadizos. Se trata de un vínculo que alguien va construyendo con la música, hasta transformarse en banda de sonido de nuestras propias vidas, en las buenas y en las malas.

Tras la entrevista con el psicólogo, donde se habló directamente de cuán importante podría ser su visita al hospital, Gustavo pidió hablar con la familia de la chica quienes dieron el OK para efectuar el encuentro.

Cerati agarró su auto, manejó hasta el lugar donde se encontraba ella bajo tratamiento, y con el consentimiento médico le dio la sorpresa de su vida. Fue, estuvo con ella. “La abracé, cantamos y hablamos por un rato“. El sector de internación de los adolescentes se tiñó, al menos por un rato, de verdadero amor amarillo, bajo la atenta mirada de todos los chicos que allí se encontraban asombrados por la insospechada visita.

Gustavo finalmente siguió en contacto con la adolescente repitiendo un par de veces más aquella visita. Lo único que pidió a cambio, es que la historia no saliera a la luz ni se filtrara a la prensa. Recién 8 o 9 años después, el propio Cerati lo contaría públicamente, sabiendo de la recuperación de la joven y que, todo gesto y mimo al alma, merece ser descubierto naturalmente y en el momento oportuno.

Sobre el autor

Allan Kelly Márquez

Nacido en Montevideo, Uruguay, lleva adelante EnRemolinos desde el 30 de Octubre de 2009. Admirador de Soda Stereo, se transformó en coleccionista. Colabora con material de su archivo para el especial Soda Stereo +INFO (2007), y los libros Cerati, la biografía (2015) y Yo conozco ese lugar (2016).

Sígueme ➤ Instagram | Facebook

Un día como hoy

No Events

Archivo de noticias

Información

Copy link
Powered by Social Snap