ENREMOLINOS

ENREMOLINOS

Gustavo Cerati era invencible

Por: Allan Kelly Márquez

Tristeza. Desolación. Dolor. Sentir que se quiebra el alma, que alguien nos arrancó un pedazo del corazón de golpe. Eso se siente: dolor.

Dolor por tu partida. Dolor por no entender que te vayas. Porque Gustavo Cerati era invencible. Porque esto no le pudo haber pasado a él.

Respeto. Admiración. Orgullo. Ser parte de nosotros con tu música. Con esa música del alma, capaz de llenar el vacío de cualquiera, con el poder de cambiar un estado de ánimo con solo escuchar tu voz. Ese poder que no muchos poseen, pero que menos ostentan.

Creer que es posible con sólo una estrofa poder cambiar al mundo, mi mundo. Por unos minutos poder volar con la imaginación a otro lado, desenchufarse de la realidad, con solo escucharte a vos.

Eso es poder, porque Gustavo Cerati sí era invencible.

El dolor es fuerte, y se siente en lo más profundo del alma, o del corazón. O de ambos. Sentir que una parte de nosotros se fue contigo. Una vida. Etapas buenas y malas. Vivencias, anécdotas. Todo se fue contigo. Te lo llevaste, y ahora estará flotando entre tus letras.

No voy a llorar, aunque alguna lágrima se desparrame sobre el papel. Te voy a imaginar con tu sonrisa, con aquellos ojos azules, celebrando tu nueva etapa. Tu nueva vida. Porque sos inmortal.

No te fuiste, estás. Estás en mi vida y en la de tantos otros. Permanecés tatuado en la piel de cada uno de nosotros. Porque Gustavo Cerati es invencible, y me convenzo minuto a minuto de que es así.