ENREMOLINOS

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Corazones en llamas: la historia de la foto que reunió a Gustavo Cerati, Charly García, Fito Páez y Fabiana Cantilo

De: Allan Kelly Márquez

Pocos libros registran de un modo tan certero el aire que se respiraba en la década de los ochenta y el contexto externo e interno en el que se encontraba el llamado “rock nacional”. La movida, el arte, las escenas y las sensaciones tuvieron su eco en las páginas de “Corazones en llamas”, el libro escrito por las periodistas Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz, editado en 1991 y reeditado en 2016.

Así como pocos libros lograron retratar ese mundo, pocas eran las fotografías que podían ilustrar fielmente lo que miles de palabras intentaban descifrar. La tapa se transformó en un ícono. No sólo por su propio arte sino por quiénes representaron al rock de la década efervescente. Gustavo Cerati, Fito Páez, Charly García y Fabiana Cantilo fueron los elegidos para posar frente al lente de la cámara como cuatro piezas variables que, más allá de su posición final en el retrato, daban sentido a buena parte del rock argentino de la década de los ochenta. El Indio Solari había rechazado la invitación.

Descubrir su historia es lo interesante. La sesión fue realizada durante 1991 en el estudio y hogar de Alejandro Kuropatwa sobre la Avenida de Mayo, en pleno centro de Buenos Aires. Durante las primeras horas de la tarde fueron llegando Gustavo, Fabiana y Fito. El último en entrar fue Charly García, guitarra en mano, quien para participar había puesto como condición vestir igual que Cantilo. “La tensión que reinaba en el aire desde el momento en que llegó tuvo su clímax cuando Charly, que venía de una maratón de noches sin dormir, explotó de cólera al ver que la indumentaria reservada para él no era muy distinta a la de Cerati y Páez”, destacaron Laura Ramos y Cinthia Lejbowicz, autoras del libro.

Según recordaría Fito Páez tiempo después, el propio Kuropatwa intentó calmar a García pero sin éxito. “De repente Charly dice ‘yo con esa ropa no voy, yo quiero la misma ropa que Fabi'”. Kuropatwa mandó a una asistente a conseguir alguna vestimenta similar, hasta que Sonia Lifchitz, encargada del vestuario de aquella tarde, encontró en su enorme bolso una camisa turquesa y negra estampada que hacía juego con la indumentaria de Cantilo. “Charly aplacó su ira con el hallazgo de unas medias negras de seda escondidas entre las sábanas de Kuropatwa”, relataron las autoras.

Lifchitz era estilista y reconocida como vestuarista. En sus manos estuvieron dispuestos “los colores” para la sesión. Entre las colecciones de Ona Sáez y de Via Vai, destacó a Gustavo Cerati con una camisa blanca y saco rojo, a Charly García con una camisa bicolor, a Fabiana Cantilo con una blusa con lunares y a Fito Páez, quien vistió una camisa con jabot, pantalones a rayas, borcegos blancos y peinados con rizos de peluquería. Todos en combinación con el sillón de terciopelo rojo que servía como imán para unir tantas fuerzas.

La tarde se hizo noche. Entre toma y toma, Kuropatwa realizaba cambios. De posturas, de reacciones, de sutilezas y brusquedades. Durante varias horas probaron decenas, cientos de registros. Charly posó también en solitario. Como accesorio, finalmente utilizaron las copas que el propio fotógrafo había invitado con champaña para acompañar las tartas y sopa de curry que degustaron como cena.