Críticas

“Colores Santos”, de Gustavo Cerati y Daniel Melero

Colores santos apareció entre marzo y abril de 1992 y fue una verdadera bomba musical, aun para los seguidores de Soda Stereo. Capas y capas de guitarras, voces susurradas, solos de guitarra inspiradísimos y sonidos electrónicos conformaron ya no un disco, sino una obra de arte que no ha sido superada 18 años mas tarde ni por los propios Soda, que medio año después lanzaron el psicodélico y caótico Dynamo, acaso una secuela de este objeto de arte firmado por Gustavo Cerati y Daniel Melero.

Vuelta por el universo inicia el viaje y es verdaderamente el sountrack de una incursión espacial con la suavidad de la voz de Cerati, que se había perdido un poco en la hostilidad de Canción animal. Extasiados los oídos de tanta ensoñación nos mete el disco en Marea de Venus, un tema divertido que enumera nombres de chicas (reales o ficticias) junto a situaciones y caracteríaticas o estereotipos… hay guitarras sampleadas o directamente de sintetizadores, gesto rockero y provocador si los hay.

Me sigo fijando en la lista de temas que el cd reproduce de la contratapa del vinilo y prosigue la misteriosa y sexy Pudo ser. La voz de Carola Bony es la cumbre de la sugestón y el tema en si es un ¿blues? No… Daniel no permitiría algo así y dispara teclados (aunque bien puede ser Gustavo) sobre el final, en fade out y con gemidos que te dejan carburando. El momento cachondo se suelta con Quatro, en donde Cerati y Melero nos llevan a una disco europea sin escalas. Dee Lite en un tono más kitsch nos ofrecían por esos años los mismos sonidos hipnóticos invitando al dance o al trance. Hoy ya no soy yo nos muestra una excelente canción firmada por la dupla, confesos admiradores de Lennon/McCartney y que se puede notar en este tema que ya es un clásico.

¿Qué se puede decir de La cuerda planetaria? Que es el delirio de dos lunáticos experimentando en el estudio y sacando a relucir la palabra más esquiva a nuestros rockeros nacionales: Riesgo. Cerati extendiendo los límites como estrella del mainstream y Melero surgiendo desde las profundidades del Under y bajo su capa (recordemos su condición de científico loco) asoman sus criaturas que tiempo mas tarde castigarían los escenarios de Buenos Aires (Babasónicos, Juana la Loca, Die Blumen etc…) en este tema se esconde esa revolución sónica que habría de desarrollarse desde ese momento… La calma de playa de Cozumel nos seda y prefiere acariciarnos al atardecer. Desde la compactera viene esa brisa de dos voces (“el aire ríe…”). Delicioso.

Hay cierta dureza en Tu medicina y la presencia tecno de Melero se aleja por completo aquí para que el rock de Gustavo Cerati se imponga en esta elegía a la muerte de su padre ocurrida en ese tiempo. El solo se le pone a la par al de Génesis grabado 4 años más tarde.

Alborada (que lo recuerdo ahora y no estaba en el LP) precede al último tema y es un soundscape que por ese entonces era algo inédito en los discos y cierra el tema que da nombre al disco, entre Cae el Sol y Un millón de años luz para dejar en la historia del rock argentino un disco irrepetible y al punto tan de estudio que jamás fue presentado en vivo por el dúo, cosa que si hizo Cerati en su carrera solista, donde interpretó algunas de las canciones en los conciertos.

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