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Escribe Gustavo Cerati: “No hay arte sin jugarse un poco la vida”

Abril de 1989. El Suple Sí de Clarín, uno de los puntales gráficos del rock argentino post Dictadura, cumplía sus primeros cuatro años de vida. Con el motivo ideal, y la excusa perfecta para obtener el registro, el suplemento invitó a distintos artistas a graficar, con sus palabras y experiencias, cómo vivieron personalmente el período 1985-1989.

Abrimos nuestro archivo para compartir la carta publicada el 14 de Abril de 1989, escrita por Gustavo Cerati. Con el tiempo, como todo, toman una trascendencia diferente sus palabras.

Un par de cervezas y 300 maníes para pelar. Ella tomó lápiz y papel y agitó. ¿Conciencia de estos 4 años?

Muchas emociones, pocas ideas claras.

Música.

Quería meterme definitivamente en este circo del rock, y a fuerza de cierta testarudez e intolerancia hacerme mi lugar en este caótico y “glamoroso” conglomerado de tribus.

Básicamente, uno aprieta el pedal del volumen para escuchar el distorsionado acorde del ego, y avanza solo. Porque… ¿alguien tiene alguna duda de cuál es la razón por la que uno se mete en esto si esto no va a salvar el alma de nadie (ni la del Pastor Giménez, ni la de Sting)?

¿Por qué uno decide aceptar escribir una columna (que apuntale…) y dedicarse a ornamentar algo tan simple con volutas o arquitectura moderna?

Creo que pasa algo fuerte y salvaje con respecto a la fama o a la popularidad. El hecho de estar continuamente expuesto aumenta el sentido de supervivencia para con uno mismo. Después de todo, convivir en este “paraíso” de aduladores y adulados amenaza conducir a cualquiera a una situación bastante blandengue y mediocre.

Siento que cada vez más (y está bien que la presión obligue), uno debe sobrevivir y pelar… más maníes.

No hay arte si uno no se juega un poco la vida. Pero también viene bien desmitificar-se-la. ¿Por qué no?

Música. Es amor lo que sangra…

Hendrix, Morrison, Lennon, Luca. Todos estos tipos no me interesan por sus historias de muerte y abandono. Solo sus historias de amor y pasión me conmueven y movilizan al igual que todos aquellos vivientes que agitan alguna por sí mismos.

Vivir en el borde no me seduce si no implica esperanza. Me encanta estar sintiendo un poco de incoherencia frente a la gran coherencia requerida, o un poco de cordura frente a la gran locura al pedo.

¿Menem o Angeloz? ¿French o Beruti? ¿Pasaje abierto o cerrado? ¿Doble vida? No sé… parece que intuyera lo que los une pero ignoro qué los separa.

La verdad es que no me da lo mismo. No soy ni “pasota” ni desinformado, pero la sobredosis lleva consigo el riesgo de convertirme en mono. Y después de algún tiempo de viajes, giras y circo, cada vez amo y entiendo más este lugar. Claro que, como muchos, espero y, a mi manera, lucho por algo con más nivel que la chabacanería y bajeza que proponen desde arriba.

Moverse, agitar. Agitar bien antes de usar, y usar antes de tirar.

Y, antes de involucionar hacia los monos, pelar. Que ya quedan menos maníes.

Ella escribió lo que creía que yo decía. Pedí otra cerveza. Y sigo pensando que en estos cuatro años he aprendido a transmitir mejor mis emociones, que a expresar ideas claras.

Música.

Gustavo Cerati.

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Sobre el autor

Allan Kelly Márquez

Nacido en Montevideo, Uruguay, lleva adelante EnRemolinos desde el 30 de Octubre de 2009. Admirador de Soda Stereo, se transformó en coleccionista. Colabora con material de su archivo para el especial Soda Stereo +INFO (2007), y los libros Cerati, la biografía (2015) y Yo conozco ese lugar (2016).

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