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De Valparaíso al mundo: Gustavo Cerati versión marioneta

Si hablamos de globalización es imposible obviar el impacto que ha tenido en nuestra realidad el acceso directo a internet desde cualquier parte del mundo. Si a eso le sumamos el boom de las redes sociales, en los últimos 10 años, podríamos fácilmente describir a este océano virtual como un rejunte de información de la que es difícil escapar. Mucho más notable sería, entonces, la posibilidad de ser visible entre tanto contenido compartido diariamente por este medio.

Instagram no es la excepción. Así como otras plataformas, ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos tiempos. Sobresalir allí no es fácil, aún teniendo bajo la manga la posibilidad de compartir algo diferente o poco común.

El algoritmo a veces no se equivoca. Hace algunas semanas, en un rato de ocio, me encontré mirando distintos videos sobre Gustavo Cerati. Los de siempre, claro. Sus conciertos, algunos videoclips, otras tantas entrevistas. Sin embargo, me crucé con una curiosidad: Cerati, versión marioneta, o títere, interpretando Sudestada, y lookeado estilo Ultimo Concierto de 1997. Debo admitirlo, me maravilló instantáneamente.

Lo bueno de internet, si uno logra interpretar y alejarse de lo adverso, es la posibilidad de cercanía frente a personas que, de otra manera, jamás cruzaría. Estaba a un click de distancia. Decidí aprovechar el beneficio.

 

La idea de interpretar a Gustavo Cerati surgió poco menos que al azar“. Quien me cuenta es Daniel Andrés Cañete, el artista que registra con su títere al líder de Soda Stereo por las calles de Valparaíso, en Chile, y cuya cuenta en instagram es @cerati_marionette. “A la hora de analizar lo que iba a hacer al salir a la calle, tenía en la carta varios artistas que apuntaban hacia un público global. Alguien que, tanto a los chicos, a los adolescentes, a los abuelos, como a las parejas con hijos, les gustara“.

Daniel tiene 23 años, desde hace cuatro interpreta a Gustavo Cerati en esta versión títere. Reconoce su acercamiento a la técnica casi por casualidad. “Siempre tuve gusto por el arte, por la cultura, y en el colegio traté de cultivarlo lo más que pude“. Al salir del colegio se tomó un año, cuenta. “En ese año pasé tiempo con mucha inquietud artística porque quería hacer algo productivo y, a la vez, poder ganar algo de dinero“. Por esa inquietud que comenzó a picar en su mente, es que surgió la idea de hacer un show de títeres. Su decisión, finalmente, tuvo como base el taller de confección que una maestra titiritera brindó por aquellos tiempos. “En ese momento me llamó la atención el lado artístico que se podía conseguir desde ese costado“.

Tras la creación de la marioneta, Daniel tomó la decisión de salir a la calle a mostrarse, allá por 2017. “Fue mucho tiempo después de crear el títere, fue un proceso muy largo“. Confiesa que le tomó al menos tres meses en aprender a manipular a Gustavo de un modo básico. “Al salir me iba bien“, admite. “Sin embargo me dí cuenta que el acto artístico del muñeco no iba mucho con la esencia de Cerati, con la esencia de sus movimientos“. Decidido a perfeccionarse, Daniel trabajó durante unos meses más para poder perfeccionar dicho aspecto. “Quería que el títere diera una noción de realidad, que fuera expresado a otra escala, porque interpretar es traer nuevamente a la vida a alguien“. Cuenta que con el tiempo pudo tener más sensibilidad respecto de los movimientos del músico. “Gustavo movía mucho la cabeza al cantar, eso lo pude captar y poner en escena“. Fue entonces cuando notó el cambio en la reacción del público quienes, incluso, lograban emocionarse hasta las lágriman. “En ese momento pasó de ser un show de títere, a un espectáculo en sí mismo“.

Consultado sobre su experiencia basada en Cerati, Daniel no duda en admitir que no siempre fue fanático de su música. “Gustavo me interesó como ícono latinoamericano. Yo conocía su etapa en Soda Stereo, así que la decisión de interpretarlo tuvo más que ver con su popularidad. A mí me gustaba su música, aún sin conocer demasiado su trayectoria solista personal“. Daniel declara tener gusto por la buena música, y haber comenzado su incursión en lo que representa el rock argentino por Spinetta y Charly García. “Estaba con una onda más hippie“, bromea.

Con el tiempo uno se va mimetizando con el trabajo que hace, con la persona que retrata. Uno se da cuenta, también, de lo que ese artista significa para el público“. Daniel cuenta que son innumerables las muestras de cariño que la gente, el público, tiene al ver al títere actuando. “Solamente viendo sus caras uno logra dimensionar lo que significa la música de Gustavo Cerati o incluso, más personalmente, el hecho de que Gustavo no esté. Me llamó mucho la atención que para la gente, ver un show teatral como este, representa una carga emocional muy fuerte“.

Pasando los meses, saliendo asiduamente a la calle, y trabajando en perfeccionar los movimientos del títere, Daniel se fue metiendo de lleno en la carrera artística de Cerati. “Descubrí finalmente su carrera solista, y lo que encontré fue alucinante“. Describe esa incursión como “un despertar musical”. “Ahora sí puedo decir que soy fanático de su música y, debo reconocer, siento que lo conozco después de estar tanto tiempo escuchándolo e interpretándolo“.

 

Resulta conmovedor entender que, incluso para un artista como Daniel, la interpretación de un ícono como Gustavo en versión miniatura, representa la posibilidad única de mimetizarse con él. Pero sobre todo, que el público sienta, al menos por unos minutos, que quien está enfrente es realmente Cerati. “Esta es una actividad que me llena completamente“, confiesa. “Me permite crear un mundo en el que yo mismo puedo sacar a flote lo que quiero mostrar, y eso se hace con pasión y dedicación. El trabajo de un titiritero no es el de entretener con un títere, sino captar una emoción humana en algo que no es humano. Tiene que ser creíble, que la gente le crea al títere”. No sirve que el muñeco simplemente se mueva o toque la guitarra. Para Daniel, “sirve que el movimiento, la sutileza, y todo lo demás, le den vida al espectáculo“.

Y vaya que sí sucede.

Sobre el autor

Allan Kelly Márquez

Nacido en Montevideo, Uruguay, lleva adelante EnRemolinos desde el 30 de Octubre de 2009. Admirador de Soda Stereo, se transformó en coleccionista. Colabora con material de su archivo para el especial Soda Stereo +INFO (2007), y los libros Cerati, la biografía (2015) y Yo conozco ese lugar (2016).

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